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Un libro: «Mamá, quiero ser DJ»

He terminado de escribir un libro junto a Juanje López con colaboraciones de otros DJs y profesionales de este sector: Dj Amable, Ley DJ, David Van Bylen, Ed is Dead, Cora Novoa, Fernando Fuentes, Teo Tormo, Fiumichino, Aitor Contreras, Dj Bordallo… y muchos más.

Es un proyecto muy personal y muy bonito. Con opiniones, experiencias, anecdotas de como empezamos y por qué seguimos en esto, nuestro amor por la música, todo contado basado en mi propia experiencia y de forma autobiográfica.

Sobre lo bueno, lo malo y lo fácil o difícil de algunas cosas de esta profesión, el machismo, los viajes, los hoteles, las horas de espera, los backstages de festivales, los nervios, la ansiedad, los equipos para pinchar, las tecnicas de mezcla, como leer la pista, como conseguir un bolo, propiedad intelectual para DJs y otros temas que rodean la industria musical y a los DJs…

Además de consejos de contar con la colaboración de grandes DJs y reflexiones, está escrito desde el corazón.

Estoy segura de que gustará mucho.

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F2

(de los archivos secretos de Eme DJ)

Yo crecí en Sada, un pueblo de Galicia. Pequeñito, costero, en la ría de Betanzos, con turismo y pesca como eje económico. En ese rincón de las rías altas, había un bar. F2 se llamaba. En él, Susete, el discjockey residente, ponía música que se alejaba de los estándares de la época, tocando ya el indie y el rock de la época. En ese bar descubrí muchos temas desconocidos para mí. Y otra cosa más importante. Descubrí que me apetecía ir a un bar sólo por la música que aquel tipo casi siempre olvidado ponía. Al principio ni me percaté de ello. Iba al F2, hablaba con Susete (creo que nunca pedí una canción) por el simple hecho de compartir opiniones musicales y, a veces, incluso iba sola. No porque fuese una loca amargada sin amigos, ni mucho menos, sino porque me gustaba la música. Disfrutaba viendo a Susete poner un tema con otro, como me descubría música que no llegaba a mis oídos por los canales convencionales.
Sin darme cuenta de ello, comencé a interesarme por la música en general y a ver con otros ojos a los tipos raros que trabajaban de noche para hacer disfrutar a los parroquianos. Más tarde, con DJ Amable, descubrí la complejidad de la labor del discjockey, pero hablaré de ello más adelante.

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El comienzo de mi viaje

En Enero de 2003 fuí por primera vez a la sala Razzmatazz.
Para mi hablar de Razzmatazz sigue significando hablar de Dj Amable. Él lo cambió todo.  Yo ya soñaba con ser DJ, pero hasta entonces, no supe lo que era realmente «emocionar» mediante una mezcla o una sesión. Recuerdo entrar en la sala a primera hora, con la pista casi vacía y escuchar como Amable se marcaba un mash up en directo de «Danger High Voltage» con el «Blue Monday» con unos reproductores de CD Denon de la época. En ese momento corrí a la cabina y me acerqué a él. No sabía que ofrecerle para decirle que lo acababa de hacer acababa de cambiarme la idea que yo tenía de un DJ, todo lo que tenía era una chapa de los Ramones, asi que se la regalé. Le dije «quiero ser como tú, quiero pinchar como tú. Y algún día pincharé contigo». Me quedé toda la noche bailando y flipando con sus mezclas (Es una forma suave de decirlo).
Por aquella época yo trabajaba en un cine y «pinchaba» de vez en cuando en garitos de malasaña, asi que todo lo que ganaba lo ahorraba para algún día comprarme un equipo de DJ.

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